Miércoles 14 de Julio de 2010 14:19
Hoy, uno de los temas en debate es la reforma al Sistema de Educación Superior. Uno de los tópicos son las becas de postgrado donde el Estado debe decidir si es un problema privado, en el cual no interviene resolviéndolo los “propios estudiantes de postgrado” con préstamos “blandos” o por el contrario, si es un problema público donde su impacto en innovación y sustentabilidad son de carácter nacional y donde este sí debe resolver.
He leído las posturas entre las partes, ya sea de la Asociación Nacional de Investigadores de Postgrado y algunas en prensa sobre la posible postura del gobierno. Ambas dicen relación a montos posibles, “créditos blandos” (aún no conozco crédito blando), fortalecimiento de los programas nacionales, además de la crítica al desmedido otorgamiento de becas al extranjero, sus montos asignados y grado de desconocimiento a nivel nacional pero que a vista de un mercado aún esnob considera a tales programas con atributos de valor superiores a los programas nacionales (Def. R.A.E. Esnob: Persona que imita con afectación las maneras, opiniones, etc., de aquellos a quienes considera distinguidos).
Sin embargo, no quiero entrar en análisis económicos sobre la relación entre becas y su impacto en la economía nacional, sino en el trasfondo de tal política pública, el “beneficiario” final y su lado humano. ¿Por qué considerar su lado humano? Precisamente porque es sobre él sobre el cual recaerá el impacto final de cualquier política pública y no sobre números en una planilla Excel.
¿Quién es el estudiante de postgrado? El estudiante de postgrado es un “egresado” por sobre los 24 años y que en los años finales de su carrera decide continuar sus estudios a un nivel superior, ya sea a nivel de magister o doctorado. Al egresar se ve enfrentado entre decidir trabajar o continuar sus estudios; o sea, enfrenta un gran costo de oportunidad.
En el caso de los alumnos de magister, programas hoy considerados como profesionalizantes, estos son de menor tiempo de duración y con la condicionante que la empresa espera incorporar tales conocimientos lo más rápido posible, bonificando incluso el sueldo de quien lo realiza. En este caso, los MBA como otros de otras áreas poseen características específicas en los problemas que abordan y para los cuales no hay suficientes recursos a modo de becas sino en su mayoría préstamos. Algunos egresados han visto la oportunidad de postular a becas Chile a favor de salir a realizarlos al extranjero y quizá en la pasada, poder extender sus estudios hacia un grado académico superior, los programas de Doctorado.
A nivel de Doctorado, grado académico superior que nos valida como investigadores independientes en un área al más alto nivel, esto es más complejo. Quien desea hacer un doctorado se enfrenta más a desafíos e incertidumbres que a certezas. Muchos ya no viven “con ni de” sus padres, debiendo optar a la oportunidad de becas o de algún profesor que cuente con financiamiento en sus proyectos para que pueda pagar un sueldo que les permita subsistir y financiar sus tesis. Este ingreso o sueldo está alejado del llamado “precio de mercado”, el cual para este tipo de profesionales en Chile es difícil de estimar.
Una vez ingresado al programa, los “doctorantes becarios” no cuentan con la llamada “seguridad social” (porque no es un contrato), que en términos simples es no contar con AFP ni ISAPRE perdiéndose valiosos años de cotizar para la vejez y en riesgo de no tener que enfermarse. Los más afortunados cotizan en ISAPREs como independientes (a mayor costo) o poseen seguros de salud complementarios que poseen tales programas. Este tiempo de incertidumbre se extiende por 4 años a lo menos, llegando en promedio a ser entre 5 y 7.
A medida que pasan los años se postergan temas de vida, entre ellos el matrimonio y menos pensar en hijos. Los más afortunados tienen parejas que trabajan y que en cierto modo nos subsidian nuestras vidas haciéndose cargo de muchos de los gastos cotidianos. Esto cambia radicalmente si nuestras parejas además son estudiantes de doctorado como nosotros, donde el vivir ambos de becas hace que la ruleta de la incertidumbre gire más deprisa.
Si en estas condiciones aún así se decide tener hijos, esto se vuelve un desafío mayor, partiendo por decir que no es el mismo el costo de vida para hombres y mujeres. En el caso femenino, el ser madres o “quedar embarazadas” es un gran desafío al no poseer ISAPRE, donde el pre y el postnatal no existen. A la larga el tiempo del doctorado se ve afectado así como el desarrollo de la tesis si esta además se encuentra asociada a un proyecto en particular y donde nuestros resultados son parte de ello. Ni pensar que un hijo traiga problemas de nacimiento (lo he visto), lo cual se transforma en un drama familiar y económico.
En el caso de los hombres, muchos de nosotros incluso llevábamos en nuestras espaldas a nuestros hijos a laboratorios y charlas, ya que no existen los recursos para que alguien los cuidara, salas cunas así como jardines y colegios (no se puede cargar todo a la familia, en especial porque se supone uno es profesional independiente). Si a todo eso sumamos el que muchos sacaron sus estudios con crédito universitario las cosas suman y siguen.
Si todo sale bien y las deudas no suman, viene el desafío de buscar trabajo… pero ¿Dónde? La experiencia dice que ingresar a empresas es complejo dada cierta estigmatización hacia los “doctores”; además que en parte los doctorados se encuentran también lejanos del lenguaje empresarial. También, no es lo mismo haber sacado un doctorado en biología, ingeniería, química o economía los cuales son muchos más aplicados, que haber obtenido un doctorado en historia del arte, música o literatura y donde el rango de acción disminuye. Quienes aún así logran ingresar al medio empresarial, muchos terminan haciendo labores para las cuales se encuentran sobre calificados o en su defecto en un área no relacionada, perdiéndose las potencialidades de transferencia de conocimiento que los doctores poseen.
Si sumamos además que existe competencia entre doctores nacionales y extranjeros por las plazas limitadas, la realización de un doctorado se hace una opción poco favorable. En primera instancia muchos siguen post-doctorados para mantenerse vigentes y como opción de obtener ingresos (sumemos que si se realiza este en Chile, siempre se nos aconseja “hacer una pasada por el extranjero” porque esta nos será favorable). Finalmente, si se sobrevive a todo, el insertarse toma tiempo en ser productivo por causas de postulación a fondos, horas administrativas a cumplir y faltas de espacios existiendo finalmente un desfase entre el egreso y el poder aplicar lo que uno realmente aprendió.
Para no continuar con detalles, si parte de la innovación nacional –término de moda- depende de lo que economistas denominan “capital humano altamente calificado”, este debe ser conocido a fondo en su lado humano antes de elaborar la próxima política pública, la cual no será fácil de tomar y menos donde Chile con recursos limitados pretende llegar a ser Desarrollado.
Este tema también es parte de nuestro Desarrollo Sustentable, un desafío no menor.









